domingo, 19 de abril de 2015

Stockholm



Una película modesta bien efectuada


Leemos el título y nos evoca el estado psicológico que recibe el mismo nombre, “síndrome de Estocolmo”. Esta reacción consiste en sentir amor por alguien que te está reteniendo o haciendo daño.

A muchos esta película les parecerá previsible, austera y sin mucho argumento. Comparada con grandes obras del cine lo es, debo reconocerlo. Pero no debemos ser tan duros con este director, ya que se ha dedicado a colaborar en diversas series mediocres como Frágiles (2012), La pecera de Eva (2010), etc.,  y en dirigir otra película del género de comedia romántica española llamada 8 citas (2008), que es simplemente entretenida pero muy española. Con española me refiero a la típica comedia como 8 apellidos vascos, con la que casi todos los españoles se sienten identificados y se divierten al verla. Stockholm no tiene nada que ver con todo esto, puesto que en esta ocasión quiere reflejar un problema de la sociedad actual, concretamente de las relaciones entre jóvenes. Nos lleva hasta el extremo para hacernos ver lo que podría pasar si una situación en la que todo parece ser perfecto e incluso irreal derivara luego en una verdadera pesadilla.

El largometraje se divide en dos partes. La primera es casi insoportable, no capta la atención del espectador porque no tiene nada de especial. Es una mala imitación de Linklater en Antes de amanecer. Chico conoce a chica y pretende seducirla. ¿Lo conseguirá? ¿Convencerá al espectador? Ella al principio se muestra esquiva pero al final su actitud da un giro, de la misma manera que la de él. Sorogoyen nos muestra así la visión de un personaje femenino que es embaucado por el masculino, narrándola de una forma tan convincente que nosotros también podemos llegar a caer en sus redes.

El espectador se siente en la piel de la chica, aunque puede llegar a percibir algo que no llega a comprender y que le impide empatizar con ella hasta casi el final de la película. El personaje masculino, interpretado por Javier Pereira, juega tan bien el papel de encantador de serpientes que nos puede llegar a convencer de que realmente sí que quiere estar con ella. Aunque todo se transforma media hora antes de que finalice la película, haciendo que el argumento dé un giro de 360°. En cuanto a ella, Aura Garrido, al principio parece que esté sobreactuando pero a lo largo del film nuestra percepción cambia y se convierte un personaje real que siente y padece. Podemos sentir su dolor.

Durante toda la película podemos ver la armonía y los contrastes entre dos colores tan opuestos como son el blanco y el negro. Y diréis ¿armonía entre el blanco y el negro? Sí. Representan una relación de amor-odio. Por un lado, el negro representa lo negativo de la historia y por el otro, el blanco lo positivo y purificador, ambos nos transmiten mensajes sin que nos demos cuenta. El blanco, símbolo de la pureza y la castidad, ocupa un papel importante a lo largo de todo el film, identificándose con el día y con el personaje femenino. El negro, por el contrario, no toma parte importante en la pantalla y se vincula con la noche y con el personaje masculino, como símbolo de negatividad y engaño.

Desde el primer momento la banda sonora me cautivó por la sensibilidad con  la que transmite lo que está sucediendo en cada momento. Los silencios también son importantes y crean tensión en el espectador.

A pesar del final predecible, la forma en la que aparece expuesto es chocante; la armonía de blancos y el posterior contraste con el negro de la ausencia de imagen que se produce en la última escena, me parece sorprendente. 

España, 2013. T.O.: Stockholm Director: Rodrigo Sorogoyen . Producción: Caballo Films/Tourmalet Films/Morituri . Fotografía: Alejandro de PabloDuración: 90 minutos. Drama romántico


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