martes, 20 de octubre de 2015

Regresión


Trastorno y Naufragio



Al fin lo hice, sí. No podía resistir la tentación que se removía en mi interior. Una semana en cartel, y Regresión (Alejandro Amenábar, 2015) ya había sido causante de una auténtica reyerta dialéctica entre los afines a la crítica cinematográfica. Un aluvión incesante de opiniones irrumpió en escena estrepitosamente, arrancándonos de nuestra ensoñación pasajera. Y es que el último film de Amenábar ha producido urticaria emocional a más de uno. 

Tanto era así, que quería comprobarlo, experimentarlo en primera persona, y así sumergirme en la vorágine colectiva que se había generado. Me juré en principio (y me perjuré al final) que no acudiría "contagiado" a la sesión, pues nunca me ha agradado posicionar mi mente en la apacibilidad que reporta la "cuarentena subjetiva". Pero, en ocasiones, bien es sabido que resulta difícil, por no decir imposible, trazar una línea divisoria tajante que separe al individuo de la opinión del grupo. Con semejante quebradero de cabeza, ocupé una butaca de un concurrido pero poco entusiasta cine de barrio. Quién me iba a decir que aquella tarde asistiría a una "revelación". 

¿Cómo describir la sensación que recorrió mi cuerpo? ¿Acaso se asemejaba a un escalofrío causado por un desaforado estupor? ¿O más bien se trataba de una indigestión con miras a desembocar en la más terrible pesadilla nocturna? En cualquier caso, de una cosa si que no me cabe la menor duda: me siento muy afortunado de haber asistido a ver Regresión, pero, sobre todo, de haberlo hecho en una sala de cine "low cost" (¡vivan estas iniciativas!). 

¿Por dónde empezar a cubrir esta llamativa y escorada peripecia? La historia nos sitúa en la región americana de Minessota, en plena década de los 90. Bruce Kenner investiga un truculento caso en el que la joven Ángela acusa a su padre de haber cometido un grave crimen, que causa en Ángela un profundo trauma. Para ello, el detective se embarca en el asunto junto con el Dr. Raines, un psicólogo experto en tratar recuerdos reprimidos. Ambos intentarán poner luces sobre las sombras proyectadas por una supersticiosa comunidad. 

Hasta aquí, uno puede sentirse atraído por la originalidad del esqueleto narrativo. Pero se queda en eso. Después la sensación se desvanece tan rápidamente como había aflorado. El guión flojea por todos los flancos; unas conversaciones "inertes", carentes de fondo, enmarcan las interacciones de los personajes; los tópicos se suceden con tanta reiteración que a más de uno le habrá supuesto una risa ahogada o un sonrojo de vergüenza ajena; hay referencias a iconografía y simbología de la que el espectador ya es experto emérito (véase, por ejemplo, la referencia a que los grupos de determinado género musical están relacionados con el satanismo; aburre). Además, en algunos instantes del film, el montaje se muestra caótico e inconexo y, en cierto modo, revelador del desenlace. Totalmente inadmisible en un thriller psicológico. 

Y llegamos al tema estrella: las interpretaciones. No me explayaré demasiado, pues lejos de mi voluntad queda el ensañamiento. No obstante, merece la pena detenerse sobre algunas "guindas" que aparecen a lo largo del metraje. Llama mucho la atención la transición psicológica tan acentuada que experimenta el personaje de Ángela (encarnado por Emma Watson), pues evoluciona de una creíble inocencia inicial a un marcado y forzado cambio de carácter, que no comentaré para los que todavía no hayan visto la película. El detective Kenner (al que da vida Ethan Hawke) es el maestro entre maestros de los tópicos: la recurrente figura del poli malo, que se rige por sus principios racionales, pero que, y al mismo tiempo, se muestra tierno y sentimental con los desamparados. Y qué decir del Dr. en psicología, ensimismado en sus teorías e incursiones científicas, interpretado de forma notable por David Thewlis. 

Pero no todo es malo en el infierno. En el film destacan algunos motivos, muy propios de la filmografía de Amenábar. De entre todos ellos, el más pronunciado es el aspecto visual, compacto y bien construido. La fotografía es impecable. En este ámbito, Regresión pone sobre la pantalla una sucesión de impactantes imágenes, que hacen honor a los clásicos del género. Y no es para menos. No recordaba haber sentido tanta tensión y malestar en meses (y ello contando con el hecho de haber visto reciente cine de "terror"); aparecen algunas escenas con las que incluso los menos susceptibles sentirán erizarse el vello. 

En fin, un largometraje en el que Amenábar peca de pretencioso, llegando, tan solo, a lo meramente aceptable. Se cuenta una historia curiosa, pero totalmente desarticulada. El artificio deja paso, en un abrir y cerrar de ojos, a la incomprensión del espectador ante lo que está presenciado. Mucho ruido y pocas nueces.  


 España.2015. T.O.: Regresión. Director: Alejandro Amenábar. Fotografía: Daniel Aranyó.  Productora: Coproducción España-Canadá; MOD/ Himenóptero/ First Generation Films/ Telecinco CinemaMúsica: Roque Baños. Reparto: Ethan Hawke, Emma Watson, Aaron Ashmore, Devon Bostick, David Thewlis, Dale Dickey, Aaron Abrams, Adam Butcher, David Dencik, Matija Matovik, Kristian Bruun, Janet Porter, Goran StjepanovicDuración: 106 minutos. Intriga. Thriller. Sectas. Años 90. Basado en hechos reales.

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