lunes, 11 de mayo de 2015

Girlhood


Shine bright like a diamond

AVISO: SPOILERS

Por Fco. Javier López

Céline Sciamma apuntaba que el detonante que le llevó a trabajar en una película que abordara la realidad afroamericana en Francia fue, valga la redundancia, la propia contemplación de esa realidad. La directora francesa, muy interesada en tratar temas universales en situaciones excepcionales (ejemplo de ello es su anterior película, Tomboy (2011)), decide hacer un retrato imparcial de la adolescencia desde una perspectiva sociológica, tomando una situación vigente para construir una diégesis que actúa como reflejo de una realidad social y personal.

La primera parte de 'Girlhood' conjuga a la perfección sus dos aspiraciones. Nos habla del sentimiento de pertenencia, de la pérdida de oportunidades y de la búsqueda -y transgresión- de los límites. Sciamma nos presenta una película que marca sin vaselina los puntos de giro con una intención muy clara: describir el punto y aparte de las etapas de la protagonista. La banda sonora hace acto de presencia tras terminar los pulsos fundamentales de la vida de Marieme (Karidja Touré), la pantalla se queda en total oscuridad y vuelve a la luz con la certeza de que ha empezado algo nuevo. Este mecanismo narrativo encaja como un guante con la película, que juega a hacernos sentir y ponernos en los ojos del personaje principal. La asunción de estas reglas hace que la cinta tenga una unidad muy poderosa: transcribe la intensidad y la idiosincrasia del fantástico grupo protagonista en un tratamiento narrativo y estético que se aleja de la crudeza realista de este tipo de dramas sociales, alcanzando su clímax en la escena de la habitación del hotel al ritmo de Diamonds de Rihanna.

Por otra parte, en su vertiente más social, la película nos habla del rol de la mujer en un mundo conflictivo, lleno de tabúes y de normativa no escrita. Sciamma demuestra un fuerte compromiso al retratar los momentos de insumisión, de las intenciones de transcender y estar por encima de todos los estigmas sociales a los que se enfrenta el grupo de amigas. Todo esto se refleja muy bien en el momento en el que aparece la ex-miembro de la pandilla habiéndose rendido ante el arquetipo del que pretenden escapar: el de la madre asentada y responsable que vive habiendo asumido el rol que el mundo quiere que desempeñe. La película, con mucha inteligencia, rebaja el tono en este momento y nos lo muestra de manera sobria: otro reflejo de una realidad. El tratamiento sólo "vuela" cuando nos habla de las ilusiones, de la intención de arriesgar de las protagonistas. Una forma muy elegante de exponer su discurso.

Se ha hablado mucho de que la segunda parte de la película es algo más floja que la primera, y puede que con bastante atino. Marieme se aleja de su grupo de amigas y empieza una lóbrega etapa de su vida, relegada a trabajar para un traficante de drogas ladino y machista. El film pasa de reivindicar las ganas de transgredir unas normas a mostrarnos, de forma reposada, un intento desesperado por estar por encima de los juicios morales que nacen fruto de esa transgresión. Y aunque el discurso funciona, la narración de esta segunda parte puede resultar más confusa que la de la primera y quizás, algo carente de la fuerza de aquella hasta que llega el -brillante- final.

Aún con todo, Girlhood es un acercamiento muy recomendable a una perspectiva social, maravillosamente compensada con unas ideas universales muy interesantes sobre la adolescencia y la madurez. 


Francia, 2014. T.O.: Bande de Filles. Director: Cèline Sciamma. Guión: Cèline SciammaFotografía: Crystel FournierReparto: Diabate Idrissa, Rabah Nait Oufella, Tatiana Rojo, Karidja Touré, Assa Sylla, Lindsay Karamoh, Mariétou Touré, Idrissa Diabaté, Simina Soumaré, Dielika Coulibaly, Cyril Mendy, Djibril Gueye, Binta Diop, Chance N'Guessan, Damien Chapelle, Nina Melo, Elyes SabyaniProductora: Pyramide Distribution Duración: 112 minutos. Género: Drama. Adolescencia.

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