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miércoles, 23 de septiembre de 2015

Borgen





Una lección de (buena) política
Por Davina Santos.


“¡Hey! ¿Qué te parecen los resultados de las últimas encuestas sobre las generales? Tanto revuelo para que todo siga igual, si ya lo decía yo. ¿Y lo del núcleo irradiador de Errejón? Qué gracia me hace ese chiquillo”. Sin duda, la política está de moda, y los productores lo saben: House of Cards y El ala oeste de la Casa Blanca son solamente algunas de las series que han conseguido que nos interesemos por los tejemanejes de los que nos gobiernan. 

Pero en esta ocasión vengo a hablaros de una bastante menos conocida, pese a haberse hecho en 2011 con el Premio BAFTA a mejor serie de TV: la danesa Borgen. Para los que no hayan oído hablar todavía de ella, se podría decir (como hace Filmaffinity) que versa sobre el trabajo como Primera Ministra de Dinamarca de Birgitte Nyborg, un personaje ficticio que encarna a la líder del Partido Moderado (absteneos de relacionarlo con los que se autodenominan “moderados” en España, que nada que ver), pero lo cierto es que la serie va mucho más allá.

Así, no se limita a presentarnos un fresco de la política danesa, sino que se afana en ofrecernos una visión realista de las interioridades del poder, cosa que se agradece. A diferencia de House of Cards, en la que los políticos son poco menos que unos misántropos, en Borgen los protagonistas son seres de carne y hueso, cada uno con sus motivaciones y su particular forma de entender el poder. Y, aun así, la serie no deja espacio para la idealización o la demonización: poco después de alzarse como Primera Ministra a través de una inestable coalición, Birgitte tiene que abandonar su ingenuidad de primeriza para enfrentarse a su primera crisis de gobierno, durante la que se cuestiona si realmente es diferente de sus predecesores y si es posible cambiar algo desde dentro, siendo fiel a su ética personal, cuando hay tantos intereses en juego.

Dicho esto, otro de los puntos más sobresalientes de esta primera temporada es la reivindicación de la importancia de los medios de comunicación, capaces de orientar la opinión pública. De este modo, la serie dedica toda una subtrama no sólo al trabajo de los periodistas, sino también al de los asesores de prensa, a través de las figuras de Katrine, una joven reportera algo idealista que continuamente sacar a relucir su responsabilidad como periodista a la hora de mantener alerta al ciudadano, y del carismático jefe de comunicaciones de la Primera Ministra, Kasper Juul, que ilustra a la perfección el pragmatismo del hombre “hecho a sí mismo”, del emprendedor sin escrúpulos.

Y, finalmente, me gustaría destacar que esta serie profundiza en cuestiones de rabiosa actualidad, como son la existencia de una casta que se perpetúa, la situación de los indígenas en países como Groenlandia, la malversación de fondos, el poder de las grandes empresas, las relaciones internacionales, el espionaje industrial y el terrorismo; sin olvidar una cuestión esencial en los tiempos que corren: el feminismo. Como es de suponer, no es baladí que el personaje principal sea la primera mujer en ostentar el cargo de Primer Ministro de Dinamarca: a lo largo de esta primera temporada, veremos cómo trata de potenciar la visibilidad de la mujer a través de las listas paritarias, pero también cómo se esfuerza por conciliar su vida profesional con la familiar, y el trato que reciben ella y las mujeres que la rodean por parte de sus compañeros.

En definitiva, la serie tiene la virtud de ofrecer al espectador una visión poliédrica del poder, que a día de hoy no tiene tres caras, como pretendía Montesquieu, sino cinco, haciéndole reflexionar sobre el papel de la política y de los medios de comunicación en una sociedad como la actual, al mismo tiempo que le mantiene entretenido con el drama humano que atraviesan los protagonistas en un entorno tan bello como frío, que enmarca a la perfección un escenario donde el ansia de dominación extiende sus tentáculos hasta las relaciones de pareja.


 Dinamarca. 2010. T.O.: BorgenDirector: Adam Price (Creator), Mikkel Nørgaard, Annette K. Olesen, Louise Friedberg, Rumle Hammerich, Søren Kragh-Jacobsen, Jannik Johansen, Jesper W. Nielsen. Música: Halfdan EFotografía: Magnus Nordenhof Jønck, Eric Kress, Lars Vestergaard, Lasse Frank Johannessen, Rasmus Heise.  Productora: DR Fiktion. Reparto: Sidse Babett Knudsen, Birgitte Hjort Sørensen, Pilou Asbæk, Mikael Birkkjær, Freja Riemann, Emil Poulsen, Thomas Levin, Søren Malling, Christoph Bastrup. Duración: 58 minutos. Drama. Política.

domingo, 16 de agosto de 2015

Señor Manglehorn



Gran cerrajero



Menudo año nos está regalando Al Pacino. Tras La sombra del actor, el septuagenario se vuelve a meter en el rol que Clint Eastwood habría bordado hace diez años y calla la boca a todos aquellos que le acusan de histriónico, ofreciendo una interpretación contenida y potente. Así, David Gordon Green, quien ya concedió una oportunidad de redención a Nicholas Cage con su papel en Joe (2013), vuelve a dirigir un drama intimista aunque esta vez centrado en el tema de la soledad.

En efecto, nuestro cerrajero, un hombre en la senectud al que sólo le quedan su trabajo precario y su gata, sobrevive atormentado por el recuerdo de una mujer a la que dejó pasar para formar una familia con la que fue su esposa. Le escribe cartas y agota el último tramo con un ademán melancólico, despreciando la ayuda de aquellos que aún se preocupan por él y lamentándose de la decisión que tomó en su momento.

Pero el señor Manglehorn no siempre ha sido así. Entrenador de un equipo de béisbol en su juventud, sus antiguos alumnos le recuerdan con cariño, y aún conserva un cierto don para tratar con la gente. Es por eso que, a menudo, el plano se abre para mostrarnos en su cerrajería un mural con diferentes llaves, símbolo de las posibilidades que sigue ofreciéndole el futuro, pero a las que él da la espalda hasta que su gata se traga una y se ve obligado a abandonar su zona de (des)confort.

Y es que este suceso le obliga a renunciar a su ensimismamiento, a la misantropía defensiva de la que hace gala durante toda la película, para relacionarse con el mundo que le rodea y conocer a una entrañabilísima Holly Hunter, que le descubre que todavía es pronto para sucumbir y que su magia de antaño no está, ni mucho menos, agotada. En definitiva, se trata de una película pequeña, modesta, que se ocupa de un drama de un lirismo extremadamente humano, sin estridencias ni golpes en el pecho.



 Estados Unidos. 2014. Director: David Gordon Green. Guión: Paul Logan. Fotografía: Tim Orr. Productora: Worldview Entertainment / Dreambridge Films / Muskat Filmed Properties. Reparto: Al Pacino, Holly Hunter, Chris Messina, Harmony Korine, Natalie Wilemon, June Griffin Garcia, Sierra Scott, Kristin Miller White, Rebecca Franchione, Lara Shah. Duración: 97 minutos. Drama. Comedia. Cine independiente USA. Comedia negra

viernes, 14 de agosto de 2015

Les combattants




Sálvese quien pueda

por Davina Santos.



El fin del mundo está al llegar. Con esta premisa tan fatalista se abre la primera cinta de Thomas Cailley, que no sólo le ha merecido el premio FIPRESCI en el Festival de Cannes, sino que le ha permitido hacerse con nada menos que tres galardones en los premios César (los correspondientes a mejor ópera prima, mejor actor relevación para Kévin Azaïs y mejor actriz de reparto para Adèle Haenel, que los amantes del cine francés conocerán por haber protagonizado otro gran debut: el de Céline Sciamma, su pareja en la actualidad). Y es que lo primero que hay que destacar de la película son sus notables interpretaciones, merecidamente reconocidas por el jurado: la joven competía con nada menos que Juliette Binoche, Catherine Deneuve y Marion Cotillard, así que ya os podéis ir haciendo una idea del nivel que tiene la nueva musa de los Dardenne.

Por lo demás, no es de extrañar que esta película haya conquistado a la crítica y convencido al público. Construida a partir de la atípica historia de amor que se teje entre Arnaud, un adolescente sensible, inseguro y con escasas esperanzas en el futuro, y Madeleine, una joven obsesionada con ser autosuficiente y conquistar el futuro cogiéndolo por los cuernos, la película explota todas las posibilidades que el argumento le ofrece, apostando, al mismo tiempo, por un guión fresco, imprevisible, y por una banda sonora experimental que busca marcar un ritmo ágil antes que enfatizar emociones.

De esta manera, conforme abandonamos el primer acto, caracterizado por una comedia que recoge una acertada instantánea de las nuevas generaciones, incapaces de encontrar su lugar en un mundo asolado por la crisis, cambiamos de género para adentrarnos en una metáfora de la sociedad actual que dota a la película de un cierto carácter de fábula, sin por ello caer en simplificaciones que conviertan a sus protagonistas en adalides de nada. Así, el entrenamiento en un campamento militar permitirá a Madeleine (Adèle Haenel), experta en macroeconomía y en no necesitar a nadie, darse cuenta de que, fuera de su mundo de chalet adosado y piscina particular, no podrá salir adelante si se mantiene aferrada a su estricto individualismo.

La confirmación de esta idea, que se impone conforme avanza la película, se produce en medio de la naturaleza, la tercera protagonista de la película. Y es que la lucha por la supervivencia en un espacio libre de las restricciones a las que nos somete el sistema en el que vivimos descubre a los protagonistas que sin solidaridad, sin empatía, el mundo estaría perdido. De nada vale que estemos bien preparados si no somos capaces de colaborar, de tendernos una mano y de creer en los otros. Pero también es un canto de libertad enmarcado en una naturaleza imponente, una invitación a dejar de machacarnos (como Arnaud espeta a Madeleine) y a dejarnos llevar en un mundo marcado por las imposiciones. Desde luego, Thomas Cailley, con una película aparentemente tan liviana, tan alejada de las formas del cine pretendidamente “culto”, predica con el ejemplo, invitándonos a reflexionar desde el juego, con la humildad a la que obliga ser en un mundo que se cae a pedazos, en el que nada está escrito y todo es posible.


 Francia. 2011. T.O.: Les combattants. Director: Thomas Cailley. Guión: Thomas Cailley, Claude Le Pape. Música: Philippe Deshaies, Lionel Flairs, Benoit Rault. Fotografía: David Cailley.  Productora: Nord-Ouest Productions. Reparto: Kévin Azaïs, Adèle Haenel, Antoine Laurent, Brigitte Roüan, William Lebghil,Thibaut Berducat. Duración: 98 minutos. Comedia. Drama. Romance.




domingo, 21 de junio de 2015

Jurassic World




Decidme que todo ha sido una broma


Como muchas personas de mi generación, he crecido disfrutando con las continuas reposiciones de Jurassic Park en la televisión. Por ello, cuando supe del estreno de Jurassic World de inmediato me asaltaron las ganas de verla, no porque hubiera leído ninguna crítica que la ensalzara, ni porque el tráiler me cautivara, sino por la oportunidad de volver a la isla Nublar veintidós años después de lo ocurrido en la saga original.

Ahora bien, apenas comenzada me di cuenta de que ya no era lo mismo. Parte de la culpa la tuvieron los personajes. No esperaba unas caracterizaciones “Dardenne” pero menudo desfile de estereotipos: que si la tía adicta al trabajo (a la que se la soplan los sobrinos pero luego llora cuando ve a un dinosaurio languideciendo, precisamente de esos a los que somete en su parque de atracciones); la madre con problemas en su matrimonio que se desvive por sus hijos (pero el final happy happy que no falte); el adolescente insoportable (lo que tenemos que aguantar a lo largo de la película, menos mal que no se cruza ninguna muchacha durante la persecución, que si no los deja a todos ahí plantados); el guaperas machote que lo mismo sirve para un roto que para un descosido; el malo malísimo obsesionado con la guerra que no para de rondar a los raptores (qué pasará, qué pasará…); el niño repelente y sensible que vomita incansablemente datos acerca de todo cuanto se encuentran… Y qué decir del guión, a la altura de los personajes en cuanto a previsibilidad: más de una vez no pude contener la risa ante unos diálogos a los que perfectamente podías jugar a anticiparte, como hice yo.

En cuanto a los dinosaurios, el abuso de CGI (y lo que conlleva) es sangrante. Todo lo que en Jurassic Park era inocular el miedo en el espectador a través de la sugerencia (mítica la persecución del T-Rex reflejada en el espejo retrovisor), en Jurassic World es un “a ver quién la tiene más grande”: lo mismo te encuentras a los dinosaurios (eternamente cabreados: o no les dan de comer, o los atizan a escondidas, si no no se explica) corriendo, saltando o volando que intentando follarse a un helicóptero.

El ritmo de la película también me ha parecido un desastre: escenas completamente prescindibles que se alargaban hasta la extenuación, explicaciones de lo más básicas en que asimilaban el comportamiento de los dinosaurios al de un animal de compañía algo salvaje, esa ridícula carrera en tacones delante de un T-Rex (????)… Y ya en la categoría de fallos argumentales, no podía faltar el amorío entre los guaperas, que después de más de una hora agotando nuestra paciencia con sus tonteos varios, no podían elegir otro momento para darse el lote que ese en el que los dinosaurios voladores se están cargando a la mitad de los visitantes. Yo es que no entiendo nada.

Lo único que salvaría de la película, los pequeños homenajes a Jurassic Park, sobre todo el del operario friki con la camiseta comprada por eBay que escandaliza a Bryce Dallas Howard (¿humor negro? ¡que dimita!) y, cómo no, el de la entrada en el parque con el tema original de la película sonando de fondo, que hará las delicias de los nostálgicos.



Y, bueno, también quería hacer un par de comentarios sobre el final ((ALERTA SPOILER))



¿Por qué narices me recuerda tanto a la escena de Cómo entrenar a tu dragón II en la que Desdentao tiene que comunicarse con sus congéneres para convencerlos de que no arremetan contra los humanos y permitir que, así, todo vuelva a la normalidad? ¿A qué genio se le ocurrió que sería una buena idea que los raptores, dóciles como perritos, hicieran de renos alrededor de un Chris Pratt montado en moto con cara de malote?



 Estados Unidos. 2015. T.O.: Jurassic World. Director: Colin Trevorrow. Guión: Colin Trevorrow, Rick Jaffa, Amanda Silver y Mark Protosevich. Música: Michael GiacchinoFotografía: John SchwartzmanProductora: Amblin Entertainment y Universal Pictures. Reparto: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Ty Simpkins, Nick Robinson, Vincent D’Onofrio. Duración: 124 minutos. Ciencia ficción. Aventuras. Secuela. Dinosaurios. 3-D.

jueves, 30 de abril de 2015

La sombra del actor





Cuando la realidad supera a la ficción


A veces ocurre con las leyendas vivas que olvidamos que siguen entre nosotros. Me sucedió hace poco cuando vi el surrealista spot de Atresmedia en el que se anuncia el encuentro en el que participa Gorbachov: ¿pero este hombre sigue vivo? me pregunté, extrañada, y lo mismo me ha pasado con Al Pacino al enterarme de que iba a estrenar una nueva película: ¿pero sigue actuando? A pesar de ser admiradora suya, la verdad es que le había perdido completamente la pista. Por ello, consulté el buscador de Filmaffinity para ponerme al día y fue entonces cuando empecé a entender los motivos de su misteriosa desaparición: si repasamos su filmografía durante estos últimos años, hallamos poco más que un par de participaciones puntuales en comedias románticas como Una relación peligrosa (2003) y Jack y su gemela (2011) y numerosos intentos de volver a meterse en la piel de un tipo duro a través de papeles en películas de títulos tan altisonantes como mediocres: Apostando al límite (2005), Asesinato justo (2008), Tipos legales (2012)... Es por esto que pocos son los trabajos en los que ha colaborado Al Pacino en estos últimos años dignos de mención, exceptuando Descubriendo a John Cazale (2009), en la que es entrevistado con motivo del homenaje al actor que encarnó a Fredo, el eslabón más débil de los Corleone, y No conoces a Jack (2010), un telefilme que busco y disfruto de inmediato, aunque no sin antes percatarme de que el director es el mismo que el de La sombra del actor: Barry Levinson.

Este hecho, unido a su bajo presupuesto (la película fue rodada a lo largo de veinte días, buena parte de ella en la casa del propio Levinson), permiten colegir que se trata de un proyecto personal, llevado a cabo por un actor que no pasa por su mejor momento con la ayuda de un director que confía en él. Y, en efecto, baste ver la película para comprobar que Al Pacino, un apasionado del teatro, se emplea a fondo en esta adaptación de The Humbling (2009), la controvertida novela de Philip Roth en la que un actor, Simon Axler, sufre un bloqueo durante una actuación y se hunde en una terrible depresión, ingresando en una clínica para después aferrarse al ¿amor? de una lesbiana que bien podría ser su hija (o su nieta) para salir a flote, tanto a nivel profesional como personal, puesto que Simon es incapaz de separar el arte de la vida, de dilucidar entre la realidad y la ficción, como el propio espectador en las escenas finales.

Así, La sombra del actor, que Enric Albero ha calificado de “la cara B humilde ese single grandilocuente que es Birdman (2014)”, nos sitúa de nuevo frente a un actor a la deriva que ha sido fagocitado por el personaje que interpreta. Pero hay que evitar caer en la simplificación: no obstante su estructura en apariencia caótica y alguna escena que se diría cortesía de Iñárritu -esa en la que Simon ruega al portero del teatro que le deje pasar, intentando convencerle de que es el actor principal, para ser más precisos- La sombra del actor goza de entidad propia, en parte gracias a un brillante uso de la ironía y la comicidad que realza el componente dramático de la obra al mismo tiempo que rebaja la gravedad de la acción cuando esta corre el riesgo de sobrecargarse, manteniendo el ritmo a raya.

Dicho esto, es preciso subrayar la minuciosidad con la que Levinson plantea la relación entre el teatro y la vida, anticipada en la escena de apertura, donde una mano de pulso inestable graba a Simon recitando el segundo acto de Cómo gustéis, de Shakespeare (“All the world’s a stage, and all the men and women merely players…”) frente al espejo. De este modo, los personajes que rodean a nuestro protagonista conforman todo un abanico de figurantes que interpretan papeles que se han autoasignado: la compañera del sanitario mental, completamente perturbada, metiéndose en la piel del que podría haber sido el Bruno de Patricia Highsmith en Extraños en un tren, Greta Gerwig decidiendo ser una mujer “plenamente heterosexual” y dando rienda suelta a su fantasía infantil con el amigo de sus padres, Dianne Wiest creyéndose Sally Jupiter en Watchmen y encasquetándole al lastimoso protagonista el papel del Comediante… En fin, todos, tan histriónicos que en ocasiones confunden al propio Simon, ansían ser los protagonistas de la obra del siglo con sus pequeños dramas personales.

Por último, es de notar la excelente actuación de Al Pacino, capaz de oscilar entre una amplia variedad de registros con el fin de (re)interpretarse a sí mismo en tanto que juguete roto de la industria del cine, como ya hizo Gloria Swanson en El crepúsculo de los dioses (1950), de Billy Wilder. De esta manera, nuestro actor provoca a través de la asunción de la derrota por parte del personaje al que da vida su resurgir fuera de la pantalla ante los ojos del espectador, que no puede sino rendirse ante un final soberbio. En efecto, el Al Pacino maduro y consciente de su decrepitud que nos muestra La sombra del actor es el Al Pacino más exuberante y lleno de vida que hemos tenido la ocasión de apreciar en años, paradójicamente. Es por este motivo, principalmente, por el que merece la pena el visionado de esta modesta película, incluso (o, precisamente, en especial) para los escépticos de Birdman, entre los que me incluyo.



Estados Unidos, 2014. T.O.: The HumblingDirector: Barry LevinsonGuión: Buck Henry, Michal Zebede (Novela: Philip Roth)Música: Marcelo Zarvos, The Affair. Fotografía: Adam JandrupReparto: Al Pacino, Greta Gerwig, Dianne Wiest, Kyra Sedgwick, Charles Grodin, Dylan BakerProductora: Millennium Films / Ambi Pictures / Hammerton Productions. Duración: 112 min. Género: Drama. Teatro.

jueves, 23 de abril de 2015

El capital humano



En nombre del liberalismo



El concepto de capital humano hace referencia a la riqueza que se puede tener en una fábrica, empresa o institución en relación con la cualificación del personal que allí trabaja. En ese sentido, el término capital humano representa el valor que el número de empleados (de todos los niveles) de una institución supone de acuerdo a sus estudios, conocimientos, capacidades y habilidades. 
                                                                                               (desde Definición ABC)



Casi nada. Paolo Virzì apunta alto, muy alto, con esta película, pero el resultado queda muy lejos de esa brillantez a la que aspira. Sirviéndose de un acontecimiento traumático (el atropello de un ciclista) consigue enlazar tres miradas que corresponden a tres personajes de clases sociales distintas. De este modo, el entrecruzamiento de los diferentes puntos de vista nos va descubriendo las claves de una despiadada trama que va más allá del esclarecimiento de las causas del accidente, reflejando la corrupción de una sociedad en la que el dinero se ha erigido como dueño y señor de nuestras vidas.

Hasta aquí, todo bien: un retrato coral que apuntala una historia sin duda interesante, en la que el espectador podrá identificar sin dificultad el universo Berlusconi y la crueldad de los tiempos que corren. No obstante, quizás sea este su problema: los personajes se presentan como arquetipos al servicio del mensaje de la película, a pesar de que las interpretaciones, en su mayoría, sean correctas, cuando no magníficas. Pero los personajes jóvenes parecen sacados de una serie mala, en ningún momento entendemos qué hace la psicóloga con el patán de su marido, muy mal definido, y el personaje al que interpreta Valeria Bruni en ciertos momentos roza lo caricaturesco. El único que se salva es el de Giovanni Bernaschi, no tanto por la interpretación de Fabrizio Gifuni como por su coherencia: allá donde hace acto de presencia, se impone su personalidad pragmática y utilitarista de tiburón de las finanzas.

Por lo demás, el tono melodramático que adopta la película conforme avanza desvía su mensaje, despista al espectador. El amorío que protagoniza Matilde Gioli, a la altura de Física o Química, aburre y cansa, al mismo tiempo que precipita un final que, admitámoslo, no es digno de la película. De este modo, el contundente mensaje que se perfila en sus inicios acaba diluido en un mar de pasiones adolescentes que ahoga toda reflexión. Una lástima.


Italia, 2014. T.O. Il capitale umano/ Human CapitalDirector: Paolo Virzì. Guión: Paolo Virzì, Francesco Bruni, Francesco Piccolo (Novela: Stephen Amidon) Música: Carlo Virzì.  Fotografía: Jérôme Alméras, Simon Beaufils. Reparto: Valeria Bruni Tedeschi, Fabrizio Bentivoglio, Valeria Golino, Fabrizio Gifuni, Luigi Lo Cascio, Giovanni Anzaldo, Matilde Gioli. Productora: Coproducción Italia-Francia / Indiana Production CompanyDuración: 109 minutos. Género: Drama. Familia. Crisis económica actual. Historias cruzadas. Drama psicológico.

viernes, 17 de abril de 2015

Fuerza mayor




Alerta, problemas en el paraíso
por Davina Santos.


¿Cuál sería su reacción si, durante una estancia en los Alpes, un alud se precipitara imparable sobre usted y sus hijos? Seguramente, responderá que su reacción sería como la de Ewan McGregor en Lo imposible: agarraría a sus hijos y, sin titubear, saldría corriendo en dirección contraria. Todo un ejemplo de buena conducta, es usted un ciudadano ejemplar, le respondería Öslund, con sorna.

Sin duda, esta película nace como respuesta a la de Bayona. El planteamiento, de nuevo, es sencillo: una pareja decide relajarse contratando una estancia de cinco días en un resort francés (ya que esta parece ser la única manera de pasar tiempo en familia), pero las cosas no salen según lo esperado. Los compases de “El verano” de Vivaldi imponen un ritmo subyugante a una tensión trenzada con una sutileza bergmaniana que avanza in crescendo hasta el advenimiento del momento clave, en el cual un alud interrumpe la comida de los personajes para desatar el pánico y sumir la pantalla en el blanco más absoluto.

Mas esta es una producción puramente sueca, y los personajes reaparecen minutos después para volver a sentarse a la mesa, compungidos. Resulta que la avalancha había estado controlada en todo momento (según dicen después, aunque esto no queda claro) y que lo que habían visto abalanzarse sobre ellos no era más que una gran cantidad de “humo de agua” que se había desprendido de la misma. No obstante, no se ríen de lo ocurrido: algo ha cambiado para siempre en el seno de la aparente familia idílica.

Así, con un humor negro que eleva el componente dramático de la película, aprendemos a través de diferentes conversaciones lo sucedido durante la avalancha, que es que Tomás, el padre, ha huido despavorido, dejando a su familia sola ante el peligro. No obstante, su orgullo le impide admitirlo. Él es el cabeza de familia, el patriarca. ¿Qué pensarán los demás si admite que huyó, preocupándose únicamente por salvar el iPhone y los guantes?

Por lo pronto, una de las compañeras de viaje de la pareja opina, desconsolada, que su novio reaccionaría de la misma manera. La otra, más liberal y descreída, prefiere no hacer declaraciones al respecto, pero se palpa la incomodidad en un ambiente de tintes hanekianos. ¿En qué nos estamos convirtiendo? es la pregunta que subyace. La reacción de Tomás parece justificarse con el hecho de que nadie sabe cómo puede reaccionar en una situación límite, pero la idea que se desprende de este afán de relativizarlo todo es que vivimos en una sociedad en la que cada uno mira únicamente por sí mismo y que la vida es un eterno “sálvese quien pueda”.

La más joven de las acompañantes afirma que, aunque confía en su novio, un divorciado que supera ya la cuarentena, pertenecen a generaciones muy diferentes, y que, mientras que la suya intervendría, la de los nacidos en los 70 se desentendería. Sin embargo, ¿de verdad creemos que esos niños que se encierran en el cuarto y que repudian a sus padres tras cada discusión, aferrándose a sus pantallas, algún día verán más allá de su ombligo? Lo más probable es que adopten la actitud de su padre, que también encontramos reflejada (si bien de una manera mucho más cínica) en el personaje que interpreta Waltz en Un dios salvaje, de Polanski.

En definitiva, la verdadera esperanza reside en la madre, que precipita la catarsis de su abochornado marido (la profecía del gurú pelirrojo se cumple, al final sólo necesitaba gritar, aunque fuera entre sollozos) y permite su particular redención al desaparecer durante un momento para que él pueda sentir que vuelve a tener las riendas de la familia en el momento en el que la encuentra, convencido de que “lo logramos”, aunque haya dejado a sus hijos desamparados en la nieve mientras la buscaba.

Por último, el controvertido final, que me abstengo de reseñar, es digno del mejor Buñuel y pone la guinda a lo que es una ácida crítica a una Europa moderna, tan liberal, tan avanzada, que ha enterrado los valores humanos bajo vistosas capas de nieve artificial. Que viva el progreso.


Suecia, 2014. T.O. Tourist / Force MajeureDirector:  Ruben Östlund. Guión: Ruben Östlund Música: Ola Fløttum.  Fotografía: Fredrik Wenzel, Fred Arne WergelandReparto: Johannes Kuhnke, Lisa Loven Kongsli, Vincent Wettergren, Clara Wettergren, Productora: Plattform Produktion / Swedish Film Institute / Film I Vast / Essential FilmproduktionDuración: 120 minutos. Género: Drama. Familia.

lunes, 6 de abril de 2015

La sal de la Tierra




Luchas de ayer y de hoy


"Tened cuidado con quien ponéis en vuestra lista negra, pues puede ser ensalzado como un héroe por la próxima generación, si no por esta" - Herbert J. Biberman

La forma de acabar con una opresión no es sustituirla por otra. Este parece ser el mensaje de La sal de la tierra, obra basada en un hecho real que, haciéndose eco de los problemas que afectaron a los mineros de Nuevo México durante la década de los 50, alude directamente a la discriminación que sufrían las mujeres por parte de sus propios maridos. Dicho esto, se trata de un filme atípico que fue dirigido en plena caza de brujas por uno de los Diez de Hollywood, Herbert J. Biberman, con la intención de visibilizar un conflicto del que los poderosos se desentendían, el del despotismo “anglo” en las minas de zinc, que condenaba a la miseria a los propios nativos. Por ello, nos encontramos con una obra de bajo presupuesto, que se sirve de técnicas cinematográficas sencillas y que no cuenta con unas interpretaciones que pasarán a la historia (a no ser por su autenticidad, puesto que la mayoría de los actores eran los propios huelguistas); pero que, sin embargo, funciona, al compartir con nosotros un drama profundamente humano, en el que los obreros no son héroes proletarios, sino trabajadores que no han podido disfrutar de los privilegios de la educación pero que luchan por sus derechos y, mientras lo hacen, aprenden que la liberación de su clase pasa también por la de la mujer. A este respecto, la evolución de Esperanza Quintero, la coprotagonista, es más que interesante: a través de la lucha obrera, toma conciencia de sus derechos, sin haber oído jamás la palabra “feminismo”. En definitiva, esta película, que ahora figura en el Archivo Nacional de la Biblioteca del Congreso de EEUU como una de las cien que merecen ser preservadas para la posteridad, constituye todo un monumento a la dignidad humana, además de una de las obras cumbre del realismo social más combativo y alejado de todo dogmatismo y voluntad adoctrinadora.

PS: Para quien quiera saber más acerca del contexto de clandestinidad en el que se rodó la película, recomiendo el visionado de Punto de mira (One of the Hoyllwood Ten) de Karl Francis (2000), ya que arroja luz sobre la historia de Bieberman y las condiciones de rodaje de este filme.

Estados Unidos, 1954. T.O.: Salt of the EarthDirector: Herbert J. Biberman. Productores: Paul Jarrico. Producción: Productor: Paul Jarrico. Reparto: Juan Chacón, Will Geer, Rosaura Revueltas, Mervin Williams Fotografía: B&W. Montaje: Herbert J. Biberman .Duración: 95 minutos. Drama.